martes, 15 de septiembre de 2009

IMPOSIBLE SOLEDAD

“TIENES QUE APRENDER A ESTAR SOLO” me decía Daniel SJ. en una de mis primeras conversaciones invernales, el primer mes de llegado a España (me parece hace tanto ya).

Yo recuerdo que de niño disfrutaba muchísimo la soledad, en el jardín de la casa de los abuelos podía pasarme horas viendo las plantas y los insectos, recuerdo que me encantaba ver germinar las semillas (bueno pero no me desvío del tema). La cosa es que al recordar eso me decía a mi mismo: “si alguna vez pudiste disfrutar de la soledad, por qué ahora no”.

Era el lugar exacto, un nuevo país, una ciudad nueva, con muy poca gente que me conocía (contados con los dedos de una mano: Meche, Daniel, Berna, Carlitos y bueno Santi que acababa de marcharse a Ecuador), todos los demás eran gente desconocida y extraña. Así que era mi oportunidad para estar solo, sin estar rodeado de tanta gente con expectativas de mi, y yo teniendo que rendir cuentas a medio mundo, mi ecua-mundo.

Cuando al fin parecía que tenía tiempo solo para mi, sonaba el teléfono o recibía un mail en que algún amigo me anunciaba que iba a llegar a Madrid, de paso o definitivamente. Así que se presentaba alguien para hacerme compañía, la soledad es escurridiza pensaba, y con un poco de ayuda externa hasta la puedes ahuyentar.

Mi primera Navidad lejos de Ecuador decidí pasarla sólo viajando por Italia. Posiblemente la soledad en Roma, Venecia y Florencia, sea más simpática de lo que la pintan en canciones y poemas. En la plaza de San Pedro recibo una llamada de una amiga que estaba también por Roma, así que otra vez la soledad salió corriendo y esa Navidad pasamos con mi amiga y nuestra cena de navidad fueron galletas que compramos a un inmigrante jutno a la fontana de Trevi. Para el año nuevo la soledad no se dejó ver ni un pelo, pasé en familia con Náthaly y Cri, una pareja que vive en la Toscana.

Y cómo estas historias podría contar un millón. Me di cuenta que la soledad me huye y que yo tengo que ir a su encuentro y buscarla, haga lo que haga siempre hay alguien acompañándome. Pero lo más interesante es que la verdadera soledad no es algo exterior sino algo interno, pues muchas veces puedes estar rodeado de gente, de amigos y de familia y sentirte profundamente solo; y otras muchas puedes estar en el paraje más desolado y silencioso y sentirte profundamente acompañado y protegido. Será esto señal de haber aprendido a estar solo??

(Picos de Europa-ASTURIAS- viendo el mar de nubes)