lunes, 13 de octubre de 2008

CUANDO LAS HOJAS CAEN....


Parece mentira pero es mi 5to. otoño aquí. Ya hace 4 años que decidí cambiar mis acogedoras y cercanas montañas por este cielo amplio y distante; que decidí cambiar mi cómoda pasividad por esta incómoda actividad; ya hace 4 años que cambié el calor de un hogar por un impersonal “piso compartido”; hace 4 años que cambié mi privilegiada y segura vida de profesional ecuatoriano, por la inseguridad de estudiante extranjero, para muchos un inmigrante ecuatoriano más.

Pero no me arrepiento pues este cambio desde la seguridad a la fragilidad me ha enseñado mucho. Será por eso tal vez que cada año Dios parece recordarnos con cada hoja que cae de un árbol, que nada es eterno sólo EL. Que justamente los árboles más frondosos y de un verde brillante, que nos protegían en el verano, justo esos son los que primero pierden sus hojas. Una a una, con sus colores naranjas, marrones y amarillos; una fragilidad de colores, que dejan al árbol sin adornos, ni superficialidades; lo dejan al descubierto con sus troncos y sus ramas completamente vulnerables y expuestos al frío invierno que vendrá.

Quizás por eso me gusta el otoño, pues me ayuda a aceptar la fragilidad humana, mi fragilidad. Pues no siempre soy el Eduardo verano o primavera, que se ríe, baila, anima, convoca, se reúne y juega. Sino que soy como el chopo, el castaño, el álamo o el olmo, que en otoño demuestran su fragilidad, la profundidad de sus troncos y ramas torcidas e imperfectas, que no siempre acogen y protegen, quedando vulnerables y expuestas, transmitiendo ya no alegría, sino soledad.

Que gran paso es aceptarse frágil, débil y vulnerable, reconocerse humano: imperfecto, mortal y humilde; sin la soberbia del pino, el roble o el ciprés, que nunca sabrán lo que es ser débil y sencillo, y lo que es peor, tampoco nunca sabrán la maravilla de volver a retoñar y renacer en medio de sus montañas, de la comodidad del calor de hogar, cuando lleguen nuevamente esas seguridades que aunque tardan seguro volverán. Por eso siempre hemos escuchado que del lado del pobre y el débil siempre se genera vida en abundancia.

Así es la vida y así de especial es mi otoño, que si tuviera una banda sonora sería esta:

jueves, 2 de octubre de 2008

QUIMBOLITOS DE MANZANA

¿Qué es lo que más te gustó de lo que probaste en Ecuador?.. "Los quimbolitos que hace tu mamá..!!" Me respondió una española cuando volvíamos de Ecuador. Y es que ahora que lo pienso es cierto.

Cómo voy a olvidar su proceso cuando de niño me decía mi madre: "ve al jardín y trae las hojas más sanas para los quimbolos". Y yo salía con cuchillo en mano orgulloso de que me hayan encomendado esa gran misión, traer las mejores hojas, sin cortes, ni viejas, sino las más verdes y sanas.

Cómo voy a olvidar su elaboración cuando todos en la cocina teníamos una tarea importante. La mía era generalmente poner las pasas en la masa y cuando ya crecí lo suficiente doblar las hojas o batir la masa.

Cómo voy a olvidar su aroma cuando de vez en cuando me asomaba para ver si ya estaban listos, y salía un vapor dulce húmedo que siempre se confundía con el olor del café que acompañaba a los esponjosos quimbolitos.

Cómo voy a olvidar su sabor: cuando era capaz de repetirme una y otra vez, sabor a manzana, sabor a familia, sabor a madre.

Así que por primera vez en la historia del blog, hago pública la receta que ha pasado generación tras generación, sale del arrugado y sucio papel de cocina para llenar la página de este blog LA RECETA DE LOS QUIMBOLITOS DE MANZANA!! tomen nota:

Ingredientes:



- 2 tazas de harina de castilla
- 4 manzanas medianas
- 1 1/2 tazas de azúar
- 4 huevos - 2 cucharas de royal
- 1/2libra de mantequillas
- pasas
- hojas de achera

PREPARACION
1. Se pela las manzanas y se pica en cuadrados pequeños
2. Licuar de poco en poco alternando mantequilla, manzanas, huevos y azúcar hasta conseguir una mezcla uniforme
3. El licuado se mezcla con la harina que previamente fue mezclada con el royal
4. Si está muy aguado se puede agregar harina
5. Poner la mezcla en hojas de achera
6. Cocinar en tamalera por media hora

NOTA 1: Aunque no lo crean es lo más facil de preparar, excepto por dos inconvenientes cuando vives fuera: a) tamalera b) las hojas de achera. Pero la solución está en conseguir una olla grande y un cernidor o colador de metal donde poner los quimbolitos, y en vez de hojas puedes usar papel aluminio, miren cómo queda:

NOTA 2: Si invitan a extranjeros acompañen los quimbolos con una taza de café, pero cuidado que no ocurra como con aquel gringuito al que le preguntaron si le gustó los quimbolitos y dijo: " muy rico, mucho bueno, pero lo único que no gustar, es la lechuga un poco dura".

BUEN PROVECHO!!