Está por todas partes, y tiene todas las formas aunque no lo podemos ver pues es casi invisible. Le encanta los días de sol en primavera y es capaz de dejarte sin respiración. Es el primero que te saluda en la mañana y el último en despedirse de ti antes de acostarte, aunque a veces vuelve intempestivamente en las noches para quitarte el sueño.
Ataca a las partes más vulnerables de tu cara: los ojos, nariz y boca, provocándote estornudos, secreciones infinitas y hasta una congestión nasal y bronquial que te hace respirar como un gato asmático.
A pesar de hacerte tanto daño, alterando tus días, tus actividades y hasta el carácter, volviéndote de un temperamento irritable; es muy útil para la supervivencia de las plantas. Yo a veces creo que mi enemigo existe para recordarnos que no somos los amos y dueños de este mundo y de la naturaleza, sino que somos uno más de este reino, de esta naturaleza, y que existen tantos otros seres vivos que deben compartir tu espacio, conviviendo en equilibrio.
Puede ser eso justamente lo que mi enemigo reclama, la falta de equilibrio, el exceso de contaminación y mala alimentación, que son los aliados que hacen de mi enemigo más agresivo y perverso, y que nos tiene a medio mundo estornudando, moqueando y con una cara de “maldita primavera”.