lunes, 23 de abril de 2012

EL TESORO DE MI JARDÍN


Cuenta la leyenda que un Dios maligno secuestró el fuego y lo escondió en el fondo de una cueva muy oscura. Nuestros ancestros desesperados por la desaparición del fuego invocaron a la divinidad del Sol para que les devuelva el fuego. Fue entonces cuando su divinidad  envió a un ave diminuta que brillaba con el sol y de ágil vuelo al que llamaron Quinde (colibrí). Su apariencia era hermosa, Jorge Carrera Andrade supo describirlo muy bien:

“El colibrí, aguja tornasol, pespuntes de luz rosada da en el tallo temblón con la hebra de azúcar que saca de la flor… son imagen de delicadeza y fulgor fugaz…”

Esta ágil criatura de origen divino entró en la cueva para liberar al secuestrado fuego. Con su rápido vuelo no pudo ser alcanzada por el Dios maligno y con su larga cola capturó una chispa de fuego que logró llevar hasta nuestros ancestros devolviéndoles el tan ansiado y útil fuego.

Esta y muchas otras leyendas se cuentan en América y todas hablan del colibrí, quinde o picaflor. Es que esta ave está sólo en este continente representada con muchas especies. Tal vez sea esta la razón por la que la extrañé tanto cuando viví en España, pues como dicen por ahí uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Echaba mucho de menos esa rapidez con la que mueven sus alas haciéndolas casi invisibles para el ojo humano, la agilidad de sus cuerpos que pueden incluso volar suspendidos en el mismo sitio e incluso ir para atrás y la brillantez de su plumaje capaz de descomponer la luz del sol en todos los colores del arco iris. Tanta falta me hizo en España que tuve que pedir que me envíen un colibrí hecho de balsa, que en algo mitigó mi nostalgia del ave tornasol.


Es por esto que no me canso de verlo, contemplarlo y admirarlo ahora que nuevamente lo tengo muy cerca polinizando las flores de mi jardín en Quito. Es un lujo, un verdadero tesoro verlo diariamente con sus rápidas visitas que lo dejan a uno extasiado. Como diría mi amigo ornitólogo Juan Fernando Freile: “cada quinde que se cruza en mi camino me abstrae unos instantes, me conduce a aquel estado de encantamiento por lo que inventamos muchas formas para detener un instante su vertiginoso e impredecible vuelo”. Y mi forma para perpetuar ese fugaz instante es mediante este video que hoy comparto, el tesoro de mi jardín:

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martes, 17 de abril de 2012

EL CIRUJANO DE PIANOS!!


Basta atravezar el arco donde se inicia la colonial calle de la Ronda para retroceder en el tiempo. La angosta calle de altas casas coloniales llenas de balcones y geranios ha sido testigo de muchas historias, leyendas y sobretodo de muchos músicos bohemios que entre canelazos y guitarras crearon las melodías que hoy son verdaderos himnos de la sociedad
ecuatoriana.
Pero esta calle es también testigo de un singular personaje, el cirujano de los pianos. A pocos metros del arco, por las noches tan bellamente iluminado, desde el fondo de un patio en el interior de una casa salen hermosas melodías de un taller de pianos. Esa música es como un verdadero imán que atrae no sólo a ecuatorianos sino también a extranjeros.



Al descender unas escaleras de piedra llegas a un patio pequeño rodeado de puertas y escaleras. Por una de esas puertas se accede al quirófano de pianos.
Algunos están aún destartalados, muchos son viejos con algunos siglos de edad,
y víctimas del tiempo que ha afectado seriamente sus cuerdas y sus teclas. Pero
en medio de ellos está su doctor, su cirujano que con una paciencia increíble
nos invita a pasar para que conozcamos a sus pacientes.

Este curioso médico viene de una familia de músicos, con su boina o su sombrero, bufanda y unos singulares guantes sin dedos ya manchados de tanto afinar cuerdas y tocar teclas, nos habla con pasión de su diaria tarea. Pero uno de sus
pacientes ya está muy sano, y para demostrárnoslo se sienta junto a él y
acaricia sus teclas. Nunca sabes lo que ese piano ya completamente recuperado
te puede decir. Una noche te habla con melodías indígenas que cantan al sol y a
la luna, y otras parece cantarte al oído las melodías que muchas veces oíste
cantar a tu abuela o a tus padres. Pero está tan sano y vital que también puede
entonar una de las baladas pop contemporáneas.



Así es esta curiosa clínica de pianos y su cirujano. La casa y sus melodías te confirman que es posible encontrar un Quito antiguo, colonial y moderno en una sola calle, en una sola casa de la Ronda.
Y aquí una de las melodías tan dulcemente interpretadas por el piano ya sano,adivinas que melodía es??

miércoles, 4 de abril de 2012

EL ARTE DE DECIR ADIOS!!

Si una pintura, un poema, una composición musical, o una escultura son obras de arte por la capacidad que nos brindan de expresar lo que sentimos, entonces el decir ADIOS también es una obra de arte.

No me había dado cuenta de lo mucho que uno expresa cuando dice adios. Vengo desde hace tres semanas dedicándome a este nuevo género artístico que se da lugar en las despedidas. Me he despedido con una comida, con una cerveza, con un peregrinaje, con un baile, con una caña, por teléfono, por mail, con una risa, con llanto, con un abrazo (individual, colectivo, etc), en un aeropuerto, en una estación de autobus, en un bar, en un parque, en una calle y hasta en una catedral como la de Santiago, y en cada estilo el lenguaje verbal no es suficiente para expresar lo que uno siente.

Decir ADIOS encierra muchas cosas recuerdos, miedos, expectativas, incertidumbres, agradecimientos, y hasta heridas sanadas o en proceso de cicatrización. No es fácil despedirse, nada fácil, pero te hace sentir vivo!!! que la vida continúa y que no estamos estancados.

Quiero terminar con dos frases que me han llamado la atención en estas semanas. La primera la de una canción: "uno siempre vuelve donde amó la vida", y la segunda frase de una amiga "ahora la casa es más grande y nos volveremos a encontrar en algún pasillo".