Dicen que no se entiende la resurrección sin muerte, y ahora puedo afirmarlo tras vivir la Pascua en Ceuta, la ciudad española que queda en Africa justo al frente del peñón de Gibraltar, a 30' en ferry cruzando el Mediterraneo.
Pues esta ciudad es una cárcel grande en donde una sobrecogedora valla rodea la ciudad separándola de Marruecos por un extremo, y el már Mediterraneo por el otro, aislando esta "ciudad" de la península tan ansiada para muchos inmigrantes que vienen de Asia y Africa.
Son justamente ellos los protagonistas de este relato, ellos los nuevos crucificados no por una cruz sino por una valla física que separa, excluye, destruye y mata; y por montón de vallas internas que nos alejan, nos deshumanizan y nos agreden. Al menos la valla física fue superada por estos rostros que esperan que caigan aún las vallas internas.Ese tercer día luego de la muerte aún no llega, esperan paciente y otros impacientemente, unos en unos centros de estancia temporal indefinida CETI y otros escondidos en un bosque. Esperan con angustia, incertidumbre pero sin perder la esperanza, con una sonrisa que nunca desaparece de sus rostros y con una generosidad que sólo he encontrado en los más pobres, antes en Guamote y ahora en Ceuta!!




