
El miedo al cambio es evidente, el cambio lo esperamos pero siempre nos sorprende cuando menos lo esperamos. Lo que te gustaba ya no te gusta, lo que estaba ya no está, que quien era niño ya no lo es, quien era joven ahora es viejo, quien era tu amigo tampoco lo es, quien no era tu amigo ahora resulta que lo es, el soltero está casado, y el casado ahora divorciado, y lo que es peor quien pensabas ser ya no lo eres.
El reto a convivir con esos cambios y saber que el paso por tu tierra es por ahora todavía algo transitorio pero que pronto será algo definitivo. El reto de saber que ahora tienes dos mundos pero que sólo podrás estar en uno, que para estar en uno debes renunciar a la gente del otro, porque a pesar de que desde niño muchas veces te lo decían aún no aceptas que no lo podemos tener todo. Que toda opción implica renuncia y que toda renuncia implica un dolor y que el dolor es parte de la vida.
Faltan 30 días a veces eternos y a veces demasiado cortos para poder ir tranquilo de un mundo al otro, y poder estar en paz disfrutando del uno sin que ese corazón arítmico se quede en el otro.

