mis peores enemigos: las ovejas y el chuchaqui (resaca)1.- La vez que fuimos al campo con mi directora y de tanto viento y frío que había no pudimos trabajar así que nos quedamos comiendo en el coche mientras nos juramos no salir al campo la próxima vez sin antes ver la intensidad del viento en los pronósticos del clima.
2.- La vez que las ovejas se comieron las plantas de mis parcelas y no tuve ni flores, ni frutos que contar.
3.- El año que una maldita plaga de hormigas invadió el invernadero sin dejarme polinizar pues las malditas se me subían por las manos y llegaban a las partes más íntimas de mi cuerpo para hacerme cosquillas o darme un mordisco.
4.- El verano que pusimos un fertilizante a mis macetas para estimular la floración, y lo único que estimulamos fue el crecimiento de malas hierbas convirtiéndose el invernadero en una selva tropical, tuvimos que hacer turnos para quitar a las malditas.
5.- La primavera que mi querido geranio no le dio la gana de florecer, pues se puso un sistema de calefacción en el invernadero que impidió que mis plantas pasen el frío invernal que resultó ser necesario para que florezcan.
6.- La mañana de mayo que pasé polinizando mis plantas, con un calor infernal, en sandalias sin sospechar que el sol estaba achicharrando los empeines del pie, hasta quemarme en carne viva, por lo que tuve que ir al botiquín a buscar algo que cure mis ampollas.
7.- El año en que todas mis polinizaciones no sirvieron de nada pues cambié de pincel comprado en el Corte Inglés, y el polen no se enganchaba en el mismo, lo cual me di cuenta demasiado tarde cuando una primavera entera de polinizaciones se fue al tacho de la basura.
8.- La salida que llevé un ejército de amigos al campo para pintar las flores con polvos de
colores para ver la dispersión de polen, y a la final el polvo desapareció, no hubo vestigios de dispersión y mis amigos nunca más quisieron regresar.
9.- La vez que un viejo amigo (cuyo nombre no quiero mencionar, vecino me las vas a pagar) me emborrachó en el campo con una botella de ron, y al día siguiente el chuchaqui (resaca) era tan grande, que el contar flores y frutos era una tarea imposible de terminar, pedía a gritos que me tapen con periódicos y me quiten la vida.
10.- El día que casi intoxico a todos mis compañeros con el formol, éter o ácido acético (algo volátil) que se dispersó por todo el laboratorio por no usar la campana de gases.
LOS GAGES DEL OFICIO



