miércoles, 1 de abril de 2009

LAS FLORES DEL DESIERTO


Hace algún tiempo las noticias comentaban el efecto de la lluvia en el desierto de Atacama en Chile después de que esas áridas tierras, las más secas del mundo, no habían recibido ni una sola gota de agua en muchos años. Para quienes sabemos un poquito de ecología sabemos que ecosistemas como el desierto están llenos de vida aunque no lo parezca, y que con algo de humedad lo árido y seco se convierte en un verdadero paraíso de flores, colores y aromas.

Y como yo sigo con esto de mi desierto personal (algunos ya saben de que se trata y estarán cansados de escuchármelo), esta idea de la lluvia me ha dado mucha paz. Es evidente que cuando atravesamos temporadas de aridez, inseguridad, e inestabilidad transitorias, caminamos por un desierto que no será para toda la vida, que nos esperan tiempos mejores, esa tierra prometida, ese país chiquito cerquita (ser-Quito) del cielo, que aún no llega y que a veces aparece en medio del desierto como un oasis lleno de tentaciones que en el fondo sabemos son un simple espejismo que nos contenta por minutos pero nos angustia por horas y a veces días enteros.

Es ese desierto que nos agobia y por donde muchos caminamos esperando salir algún día de él, ése justamente es el gran maestro de la vida. Ya lo fue para el pueblo de Israel y para el mismo Jesús, y tantos profetas. Y es ése desierto por el que opté imaginándome que sería difícil y traicionero, pero sin imaginarme que se prolongaría cada vez más poniéndome trampas tan peligrosas que a veces hubiera preferido nunca haber salido.

Pero así es el desierto lleno de espinas, de aridez, pero también de enseñanzas que tarde o temprano, y espero que más temprano que tarde, con las primeras lluvias o al menos con algo de humedad, se convierta en un lugar lleno de flores y con muchos frutos, teniendo la certeza de que no es un espejismo o un sueño sino una realidad palpable en mis actitudes, en mis obras y en mis relaciones.

3 comentarios:

Christian dijo...

El desierto a mí me recuerda el lugar donde el aviador estrellado se encuentra con el Principito.
Es el lugar donde estamos más abiertos y necesitados del otro y donde Dios nos suele mostrar los rostros más interesantes aunque quizá no los más atractivos y deseables.
El desierto es una oportunidad para dejarnos asombrar por aquello frente a lo que usualmente somos indiferentes...

Doris dijo...

Nunca había hecho el simil de mi estado de ánimo con un desierto... será que no soy botánica!... en todo caso, creo que tu y tu vida no tienen nada que ver con un desierto... muchos abrazos-lluvia para reverdecer tu desierto!

MVDelPozo dijo...

Muchas veces en la vida nos encontramos como en un desierto y a veces como en una selva, lo importante es no morir en el intento de sobrevivir, ya que siempre hay un término medio que tarde o temprano nos da lo que necesitamos.
Un beso!!!
Meche