jueves, 31 de julio de 2008
EROS
Si alguna vez van a la plaza Picadilly Circus en Londres, no se dejen deslumbrar por las pantallas electrónicas publicitarias fíjense más bien en el ser alado que pasa casi desapercibido entre los compradores compulsivos, a pesar de sus acrobacias con el arco y la flecha en un solo pie, pues ese es el famoso EROS.
Eros el dios del amor equivalente griego del Cupido romano. No se por qué, pero Dios me concedió ese don. Sin “querer queriendo” muchas de las personas que se cruzan en mi camino son blanco perfecto de mis flechas planificadas y no planificadas y caen enamorados, e incluso sus vidas cambian radicalmente para convertirse en marido y mujer o en el peor de los casos vacile de media noche.
Y como dice la mitología, este era un dios un tanto travieso, hijo de Afrodita y Ares (el amor y la guerra respectivamente), pues muchas veces el amor de pareja es un tipo de guerra en donde se despliega el armamento más increíble de conquista: cartas, canciones, flores, viajes transatlánticos, videos, etc, etc. Pero también los romanos le describían como un dios infantil alado que de travesura en travesura iba uniendo a las parejas.
Pues quienes me conocen, creo yo que identificarían esta personalidad de celestino travieso con la mía. Lo malo es que las flechas que disparo muchas veces caen en las personas equivocadas, y lo que empieza como travesura termina en una herida mortal.
La profesión innata esta tiene sus bemoles, pues muchas veces es ingrata, y como habrán visto un cupido nunca puede auto apuntarse con su arco y flecha y por eso estamos como estamos, pero yo creo que la satisfacción de ver corazones solitarios ahora unidos por culpa de mis flechas no tiene precio.
martes, 8 de julio de 2008
EL MILAGRO DE VENCER LA RUTINA.
Nunca se me había ocurrido escribir sobre el milagro de estar aquí, aunque ya son varios que me lo han sugerido. Y es hasta el día de hoy que creo necesario escribirlo pues el paso del tiempo, amigo íntimo de la rutina, está atenuando el brillo increíble que tiene un milagro. Así que para vencer a la rutina y rescatar ese brillo milagroso de estar aquí, he decidido contar mi historia, increíble pero cierta.Los hechos que escuetamente relataré a continuación en orden cronológico corren el riesgo de parecer eventos aislados sin sentido ni explicación, como son muchas veces los momentos que vivimos en el presente, pero que sólo el futuro nos ayuda a enlazarlos recobrando su sentido y siendo parte de una historia, de un hilo conductor, de un milagro que vence la rutina:
Los 80s: De niño a joven en la casa de los abuelos maternos, con un gran jardín y una huerta rodeado de plantas, de amigos y de mucho cariño.
1991: Decido estudiar agronomía en el extranjero, pero mientras espero los resultados de una beca de estudios, ingreso a estudiar biología en Quito, al poco tiempo después me niegan la beca y me quedo en biología.
1995 (julio): Egreso de biología y busco una tesis en plantas.
1995 (agosto): Dan Norris, científico norteamericano de la Universidad de Berkeley, decide viajar a un país del tercer mundo a seguir investigando y disfrutar de su primer año de jubilación.
1995 (septiembre): Conozco a Dan Norris y trabajo con él como asistente de campo, me propone hacer la tesis con él, con briofitas (musgos) del Ecuador.
1996: Viajo a Berkeley a realizar mi tesis.
1996 (agosto): Conozco a la madre viejecita de Dan, enferma y comparto una semana de mi vida en su casa, rumbo a un congreso de briofitas en el estado de Washington, tenía la misma enfermedad de la que murió mi abuelo unos años antes, tal vez por eso nos identificamos tanto??
1997: Obtengo la Licenciatura en Ciencias Biológicas y a la vez una pasantía en España de pocos meses, me doy cuenta que la taxonomía de briofitas no es lo que me gusta.
1997: Pierdo mi plaza para el doctorado en briofitas en el extranjero a mi vuelta de España. Me quedo sin rumbo, sin piso, sin saber qué hacer.
1998: Encuentro trabajo en un colegio como profesor de biología en Quito gracias a la ayuda de una amiga, y me visita Dan con su hermana que viene de USA. Visitamos las iglesias del centro de Quito, veo velas que se vendían en la puerta del Sagrario, enciendo una vela y elevo una oración por su madre enferma, Dan me agradece por el gesto.
1999: Se desencadena la crisis económica en Ecuador, no me renuevan el contrato en el colegio y muere mi abuelita materna.
2000: Inicio en otro colegio ya no con el sueldo en sucres sino en dólares y encuentro a una amiga que se va a trabajar a una florícola. Es cuando la crisis se agudiza, extraño la biología y la investigación y dejamos la casa de los abuelos.
2001: Me aproximo a la investigación parcial en un laboratorio de mejora vegetal en una florícola, gracias a mi amiga que me recomendó para ese trabajo.
2002: Muere mi padre de cáncer y me aferro más a mi trabajo alejándome del deseo de estudiar mi doctorado en el exterior (mantengo comunicación con Dan, quien me cuenta de su vida, su familia y los últimas días de vida de su madre).
2004: Muere la madre viejecita de Dan, y le deja una importante herencia, me hace partícipe de esa herencia para que pueda hacer el doctorado en cualquier parte del mundo y en cualquier campo de estudio. Mi hermana planea estudiar en Madrid un diplomado en psicología por lo que decido ir a esa ciudad a estudiar un master en biotecnología.
2004 (octubre): A mi hermana le niegan la visa y a mi me la conceden viajando a España.
2005 a 2008. Estudio en Madrid primero un master y ahora un doctorado en ecología vegetal gracias a una serie de eventos que me convirtieron en un feliz heredero de tantas vidas que ahora a pesar de muertas viven en mí.
Milagros como este pierden su encanto y su brillo cuando la rutina de levantarte en otro país, escuchar otro acento, sentir otro clima, conocer gente diferente, encontrarte con gente conocida a miles de kilómetros de distancia y descubrir algo nuevo todos los días, te hace pensar que todo esto es normal. Es por eso que al contarlo y ahora escribirlo es la mejor forma que tengo para recordar que esto no es algo ordinario que le pasa al común de los mortales sino que es algo extraordinario un verdadero milagro.
viernes, 20 de junio de 2008
UN DIOS DE SOMBRERO Y PONCHO ROJO
El peso de la caja de cartón llena de cuadernos reciclados, pinturas de colores, plastilina, lápices, borradores, libros y cuentos me impedían contemplar el escenario en el que estaba entrando. La lluvia empezaba a caer y el olor a tierra mojada se impregnaba en mi ropa y se mezclaba con el aire frío y ligero que entraba con mayor facilidad que el aire viciado de la capital. El corazón me latía más fuerte no sólo porque estaba ya casi a 4000 m de altura, sino porque regresaba a ese rincón olvidado en medio de los andes ecuatorianos, a donde por primera vez llegaba sólo, con una caja llena de útiles escolares y con la memoria cargada de recuerdos de los últimos veranos.
Únicamente cuando puse la caja en el suelo y me senté sobre ella para descansar pude asimilar el paisaje y lo que sucedía a mi alrededor. Una hilera de montañas vestidas con retazos de cultivos de múltiples colores parecía darme la bienvenida. Los colores verdes, dorados, marrones eran el fondo perfecto para contrastar el movimiento de cientos de ponchos rojos que se movían de arriba para abajo, cargando bultos, llevando animales, vendiendo hortalizas en la feria de Guamote. Hasta, ese momento no me había percatado que era jueves, el día que el pueblo cobra vida y se convierte en un centro comercial indígena al aire libre. Es cuando los indígenas de las comunidades circundantes bajan de las montañas para comprar y vender sus productos.
Cuántas veces había caminado entre la hormigueante muchedumbre, entre el ruido de los voceadores promocionando sus productos, o la algarabía de los cerdos, vacas, burros, gallinas, cuyes, ovejas, perros que pasaban en todas direcciones. Pero esta vez, mi destino no era la feria sino la escuela de una comunidad indígena montaña arriba, en donde los voluntarios esperaban ansiosamente los materiales didácticos que ahora me servían de asiento.
Un camión cargado de mercancía y de gente que se protegían con sus ponchos rojos de la lluvia que no daba tregua, sería el último medio de transporte que cogería en una semana entera. Logre ubicar la pesada caja de materiales didácticos en medio de los animales, las papas, la gente que subía a su comunidad luego de un intenso día de feria. El chofer de la camioneta no me dejó viajar con todos los demás, sino que me hizo sentar junto a él en la cabina del conductor. En ese momento me sentí afortunado pues no tendría que viajar al descubierto, como uno más de los indígenas a quienes no les importaba las condiciones infrahumanas y peligrosas en las que se transportaban para llegar a sus respectivas casas, sino todo lo contrario, parecía que se divertían y aprovechaban para conversar con sus amigos y parientes.
Finalmente el viejo camión me dejó en el camino que conducía a la escuela rural de la comunidad indígena. Un camino lleno de lodo se escondía en medio de un bosque de pinos detrás del cual seguramente alguien me esperaría en la escuela con una sopita caliente. Valió la pena el último esfuerzo cargando la cada vez más pesada caja, ahora mojada por la lluvia pues detrás de los pinos aparecía una escuelita pequeña con dos o tres aulas, y con un patio de tierra cuyos únicos límites eran las nubes que parecían estar un nivel más bajo que mis pies. Finalmente un voluntario me vio llegar y aunque nunca lo había visto antes parecía que me conocía de toda la vida, corrió a coger la caja y a saludarme con una alegría que me sorprendió.
Era impresionante el silencio que había en el lugar, un silencio que incluso parecía molestar mis oídos acostumbrados al ruido de la ciudad y que aún seguían procesando los ruidos de la feria de Guamote, y los ruidos del camión. “¿Ya cocinaste?” le pregunté al voluntario, con la esperanza que me diga que me esperaba con la sopita caliente; “No” me contestó con una tranquilidad y confianza que también me sorprendían. “Y no tienes hambre, porque yo me comería un cerdo enterito”, le contesté con cierta preocupación. “No es necesario cocinar, pues la comunidad está por venir con la comida que han preparado para darte la bienvenida”, me dijo el voluntario con un cierto tono de orgullo.
Efectivamente, al poco rato, uno a uno detrás de las nubes aparecían coloridos personajes de poncho rojo y sombrero, con una sonrisa en el rostro y algo en las manos. Uno traía papas con cáscara, otros huevos, otros pan de dulce, otros sopa, otros habas tostadas, otros chicha y avena, otros traían platos de mote, tostado, arroz y jarras de leche y agua. Era un colorido desfile que hacía que me olvide de mi hambre y de mis preocupaciones, pues sus sonrisas parecían borrar toda duda y preocupación individual. Seguramente acababan de subir de la feria, vendiendo y comprando sus productos, cansados pero contentos hacían un espacio en su dura jornada para conocerme, el nuevo señor profesor, al nuevo “Siñor Iduardo” como me llamarían después con su torpe castellano.
Así fue como empecé a conocerles y a conocerle a Él, en esa gente olvidada, discriminada por siglos. Esos indígenas que a veces vemos en la ciudad, tristes y opacos, eran ahora felices y altivos en sus tierras, en ese su paisaje frío de majestuosas montañas y volcanes. Su generosidad a pesar de su pobreza, su alegría a pesar de su sacrificada vida de campo, su inocencia infantil y su energía para estudiar y trabajar, siempre me cuestionaron. Un cuaderno, las pinturas de colores, la plastilina o el papel brillante que tanta dificultad me causaron durante el viaje, eran el mejor tesoro que podían tener. Su rostro se iluminaba al ver los dibujos de los cuentos, o al descubrir que ya reconocían alguna vocal.
Yo pensé que les iba a enseñar lo poco que sabía, pero resulta que ellos me enseñaron mucho más. No me hizo falta ni un celular, ni un espejo, ni preocuparme por la ropa, ni la televisión, ni la radio. Ellos me enseñaron a confiar en el otro, en la comunidad, en vivir cada día intensamente, a disfrutar a pesar de la adversidad del clima, del trabajo y de la falta de comodidad. Ellos me enseñaron a compartir, a dar sin esperar recibir, a sonreír aunque tus labios estén partidos. Te dan tanto con tan poco, que no entiendes cómo lo hacen, sólo hay una explicación ahí está El, un Dios de sombrero y poncho rojo.
martes, 10 de junio de 2008
¿UN MISMO IDIOMA?

+ Qué fue loco.
-Currando en este tema del lenguaje.
+Yo también full camello pero no te cacho, que mismo andas haciendo.
-Vamos a ver, vosotros sabéis que a pesar de tener el mismo idioma hablamos muy diferente, sabes?
+De ley, cuando recién llegué no cachaba casi nada de las cosas que ustedes decían, que huevada loco.
-Ya, y a que eso mola mazo?.
+Chuta a veces loco, pues aunque es chévere aprender nuevas palabras, los panas se te burlan y se vuelven cargosos.
-Sí que flipe!!, recuerdo que un tío amigo de un colega se piraba cada vez que quedábamos para ir de marcha y tomarnos unas cañas, no te jode?.
+ Es que segurito que el man se ahuevaba pensando que se iban a chumar hasta quedar hecho poncho.
-Es que yo también me acojonaría haciendo un botellón y pillando un pedo que te cagas con esos macarras, la cogorza luego terminaría en una resaca de la hostia.
+Pero sabes que es buenazo para pasar el chuchaqui??? Unas vielitas con un buen ceviche.
-Ni de coña macho, lo mejor es no mezclar las bebidas, aunque en el instituto cuando organizábamos las calimochadas, nos poníamos hasta las trancas, sobretodo cuando alguno de los colegas estaba encoñado por alguna tía.
+Chuta de ley loco, yo mismo cuando estaba camote de una man de mi barrio, me pasaba bebiendo como cosaco, es que la man no me paraba bola, y esa era razón suficiente para baldearnos, que pluteras!!, es que mínimo había un chupe por semana, o en algún antro de esos o hasta en la caleta de los panas.
-Que guai tío, pero a que las tías son iguales en todo el mundo, y las más pijas son las peores, ya porque tienen coche último modelo, y mogollón de pasta, pasan de uno que tiene que currar como chino y apañarse para pagar un puñetero piso.
+Simón loco, este mundo no está hecho para gente chira como nosotros, que tenemos que andar de chauchita en chauchita para redondear el sueldo y hacer algo más de cushqui. Pero mejor dejémonos de moreliadas, y vamos a farrear por ahí esta noche, a ver si nos hacemos el levante de alguna mancita.
-Vale tronco, pero ayúdame a escaquearme del curro para salir temprano, dame un toque al móvil cuando estés listo, y yo pongo cualquier pretexto diciendo que es un familiar del pueblo que está chungo o alguna chorrada de esas, a veces hay que echarle morro, a ver si esta noche ligamos que hace mucho que estoy a dos velas sin liarme con nadie.
+Que bestia man, vos si que no te pierdes una cuando se trata de ir de bacile, a ver si esta vez no nos dejan con los churos hechos.
-Yo creo que esta vez si pillaremos cacho, tenemos que ir de chulitos casi gamberros, eso les pone a las tías.
+Ni cagando loco, por andar hechos los ricos nos pasa lo que nos pasa, lo mejor es salir super frescos, dejaraste de huevadas, y ni se te ocurra ponerte esas gafas chimbas y hacerte el plástico, hecho el bacán, te gusta hacerte el lamparoso..
-Joder, serás cabrón tío, si el ortera eres tú, calcetines blancos con el vaquero negro y ese jersey todo guarro que te dejo tu hermano, es lo más cutre que he visto en mi vida, una mezcla de friki y bacala que te cagas.
+La plena man, que cague de risa, que gusto de a luca tiene el rayado de mi ñaño, y él pensaba que el saco que me prestó era plenazo, yo diría más bien focazo!!.
-Se descojona el tío… hombre vamos, que tampoco es para tanto.
+Bueno, entonces qué?, quedamos que yo te llamo para que puedas perearte del camello, estarás pilas con tu celu.
-Venga vale, quedemos a las diez menos cuarto, no me vayas a dejar con los dientes largos.
+Nica loco, nos vemos más tardecito, topes.
-Venga, hasta ahora tío. (Continuará...)
(En algún lugar de Madrid el sincretismo idiomático, si necesitas traducción escríbeme)
miércoles, 28 de mayo de 2008
BIOLOGÍA, ALERGIA Y OTROS DEMONIOS
Buscando la planta en costas de Cádiz
Pues si has visto y sentido esto, seguramente eres biólogo. Pero lo mejor de la biología a parte de todo lo visto y aprendido, es la gente que conoces en este camino. Posiblemente un grupo de locos que buscaron una carrera no por su buena salida económica, sino por amor a lo que te gusta, un amor muchas veces ingenuo y utópico, pero como todo tipo de amor del bueno con muchas satisfacciones pero también frustraciones. La biología sea de campo o de laboratorio nos hace diferentes y nos permite ver la naturaleza con otros ojos.
En el bosque de Algeciras con Mauricio el vecino colombiano
Por la biología la vida nos ha llevado a lugares que ni nos imaginábamos conocer, y también hemos experimentado dudas, temores y crisis. También nos hemos enfermado e incluso accidentado. Por la biología estoy aquí y estoy así, alérgico total al polen, justo cuando trabajo con plantas y polen. Cada estornudo me hace pensar en por qué no fui arquitecto, médico, administrados de empresas, etc., etc; pero basta recordar lo que has visto, conocido, sentido y experimentado, comprendes que no te equivocaste.
Ahora con mis plantas en Guadalajara, por el camino del Quijote y del Cid, evaluando y haciendo el seguimiento de mi geranio. O también buscando el famoso “shosho bravío” por las costas de Cádiz con mi amigo biólogo Mauricio. Vaya aventura, de playa en playa, de pueblo en pueblo buscando Lupinus , la planta de los chochos (Ecuador) altramuces (España). Entre estornudo y estornudo lo encontramos en plena fructificación. Vimos el estrecho de Gibraltar, vimos Africa-Marruecos al otro lado del Mediterráneo, y sobretodo comprendimos que la biología te llena a pesar de todos los demonios que te encuentras.
Ahora con el Erodium y Lupinus, pero mañana donde?????
miércoles, 7 de mayo de 2008
SOLO HAY UNA!!

