Un montón de “diosidencias” fueron preparándome para esta experiencia. Haber hecho el camino hace 4 años con mi amigo Juan Carlos quien también fue esta vez mi compañero hospitalero junto con Raquel;
Finalmente llegó el día, domingo de ramos. La información que me daban las hermanas agustinas fue extensa y vital para los días posteriores: calefacción, un sin número de llaveros, puertas, horarios, lavadoras, secadoras, cocina, cama y artículos de limpieza. Así me fui enterando de cómo recibir al peregrino, pero la enseñanza más importante fue la acogida de las hermanas con quien compartimos una comida muy cálida, que fue la vivencia más útil para el resto de la aventura como hospitalero.
Los días eran intensos, levantarse antes de que el sol salga para encender la
calefacción y preparar algo de desayuno para los peregrinos. El día continuaba con los rostros semidormidos de muchos de ellos que en varios idiomas te daban los buenos días. Las despedidas eran extrañas pues a pesar de haberles conocido por horas, te invadía un misterioso cariño y hasta ternura por esos peregrinos que continuaban su camino mientras el sol empezaba a brillar. Luego el trabajo de limpieza de la casa para terminar con una merecida comida que era el preámbulo de un nuevo grupo, de unos nuevos peregrinos y de nuevas historias.

A la 1 de la tarde se abría la puerta, con música de fondo y un té revitalizante para quien había caminado muchos kilómetros. Una peregrina decía que en el camino de Santiago todos somos iguales, porque aunque de diferentes culturas, religiones, y creencias el objetivo de llegar a Santiago nos hace iguales. Y el cansancio y el dolor nos hacen tan vulnerablemente humanos: sensibles, cercanos y solidarios.
Termino con otra “diosidencia”, cuando fuimos a despedirnos de la comunidad de religiosas agustinas en Becerril. El lindísimo mural inaugurado por Pascua en la Iglesia antigua estaba inspirado en el pintor ecuatoriano Guayasamín, con esas manos grandes y rostros expresivos. Con mucha más calidez, Francis la hermana pintora, logró transmitir la experiencia de la parábola del Hijo Pródigo a través de los colores y las imágenes. De alguna manera expresaba el sentimiento que teníamos los hospitaleros al sentirnos acogidos por el Padre en el calor y fragilidad humana de los peregrinos, y en las hermanas agustinas con su increíble hospitalidad. Fueron la luz de nuestra estrella que estoy seguro brillará y con más intensidad en las noches más oscuras de nuestro peregrinar.
Luego de unos días leí esto en la página de comentarios:
ESTO ME DEMOSTRÓ QUE TODO EL ESFUERZO SIEMPRE DEJA UNA HUELLA, UNA HUELLA EN EL CAMINO DE SANTIAGO QUE ES UNA METÁFORA DE LA VIDA:
SENTIDO DEL CAMINO.
Luego de unos días leí esto en la página de comentarios:
ESTO ME DEMOSTRÓ QUE TODO EL ESFUERZO SIEMPRE DEJA UNA HUELLA, UNA HUELLA EN EL CAMINO DE SANTIAGO QUE ES UNA METÁFORA DE LA VIDA:
SENTIDO DEL CAMINO.

1 comentario:
Que chevere Edu. Ohh mucha nostalgia del camino de Santiago.. A ver cuando nos visitas ehh no te olvides..Un abrazo grande para ti
PAblo
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