Este señor, hombre trabajador de campo y haciendas, enfrentó muy joven una primera crisis económica mundial que le dejó sin nada material.Este señor fue capaz de renunciar a su amor por la felicidad de ella, pero ella sabía que su felicidad estaba con él a pesar de no tener comodidades.
A este señor se le murió su primera hija de dos años porque la medicina no estaba tan avanzada, y también se quedó cojo por culpa de uno de esas nuevas máquinas que empezaban a circular por las calles llamadas carros que se movían sin caballos.
Este señor tuvo que caminar kilómetros y kilómetros para buscar a sus hijos luego de un gran terremoto que destruyó caminos y carreteras.
Este señor fue profesor de lengua española de varias generaciones, pero maestro de vida para muchas otras.
Este señor fue un inmigrante de la gran ciudad, que dejó su tierra y su campo en busca del porvenir de sus hijos.
Este señor dejaba de comer por visitar a sus hijos que estudiaban fuera y a quienes enseñó que el estudio era lo único y mejor que les podía heredar.
Este señor era elegante, de sombrero y terno cuando salía a la calle, pero de poncho y abrigos cuando andaba en su casa.
Este señor era exigente, disciplinado, ordenado, honesto hasta decir basta, generoso al extremo, sin tener excesos ni acumular ropa ni fortuna.
Este señor era sensible, lloraba frente a la injusticia y el dolor ajeno, y podía subirse a aviones a pesar del miedo a las máquinas nuevas, si de sus amores se trataba hasta hablaba inglés en español.
Este señor era de misas dominicales y muy tempranas, y de jugar a las cosquillas con sus nietos, sin olvidarse de ninguno de sus cumpleaños y vayan que eran casi 20!!
Este señor era de tabaco, café y baraja, de escuchar la radio y de ver las noticias de las 8:30 de la noche.
Este señor era de sus rosas, de los injertos y de las podas.
Este señor podía hacer sus propios muebles, los zapatos de sus hijos, la casa del perro, podía ser carpintero, electricista, escritor, profesor, jardinero, pero lo más importante es que era mi abuelo!!!.
(Al abuelito Pepe, en el vigésimo aniversario de su muerte).


